Publicado 5 de febrero de 2026 en #MKArq por Blog MK


En lo alto de Punta de Lobos se desarrolla Mirador Lobos, un proyecto del arquitecto Fernando López que redefine el concepto de “cabaña en la playa”. Aquí, cada casa es una declaración de sencillez elegante, de materiales bien elegidos y de una paleta que se funde con el paisaje.
Inspirado por el entorno, hecho para disfrutar
La idea era clara desde el principio: construir seis casas para arriendo, que no fueran ni muy rústicas ni muy lujosas, sino ricas en detalles. “Queríamos que el huésped se sintiera bien. Que no fuera la típica cabaña de playa, sino algo más fino, más elegante”, cuenta Fernando López.
Las casas, todas con diseño tipo mariposa (dos habitaciones, dos baños y un eje central), se integran al paisaje siguiendo una estética que ya es parte del ADN de Pichilemu: fachadas oscuras con marcos claros y materiales que dialogan con la naturaleza.

Si algo destaca en Mirador Lobos es la coherencia material. Todo lo que se ve y se toca fue seleccionado pensando en durabilidad, belleza y armonía con el entorno. Y en esto, MK fue clave:
Hasta los enchufes, electrodomésticos y guardapolvos son de MK. Todo está pensado para que la estética no se rompa en ningún rincón.

Lo más interesante es que la materialidad está al servicio del color. Y el color, al servicio del paisaje. En plena tendencia 2026, donde “la naturaleza define el color”, Mirador Lobos se adelanta con una gama de tonos claros, arenas y blancos etéreos que evocan tranquilidad.
La paleta se conecta con propuestas como Cloud Dancer de Pantone, ese blanco sereno que limpia la vista y calma la mente.
En lugar de competir con el entorno, las casas se funden con él. Todo es sobrio, atemporal, acogedor. Perfecto para una escapada de descanso.
Detrás de esta calma estética hay tecnología. El proyecto reutiliza aguas grises para riego, volcanitas RH antihumedad en muros expuestos, porque la buena arquitectura también cuida lo que no se ve.
Mirador Lobos no se impone, se integra. Con materiales nobles, colores inspirados en la tierra y un diseño que entiende el paisaje, este proyecto de Fernando López es un ejemplo de cómo se construye belleza sin ostentación.
Perfecto para los que buscan descanso con estilo. Y para los que creen que la arquitectura también puede ser una experiencia sensorial.