Publicado 16 de septiembre de 2026 en #MKArq por Blog MK


Modernizar sin borrar la historia fue el punto de partida de esta remodelación de bar y cafetería desarrollada por el arquitecto Felipe Espinoza en el Club de Campo Las Salinas, en Viña del Mar. El desafío no era menor: aumentar la capacidad, renovar completamente la cocina y actualizar la experiencia de los socios, pero manteniendo intacto el espíritu de un lugar profundamente ligado a la identidad del club. El resultado equilibra lo nuevo y lo familiar mediante materiales nobles, terminaciones de alta resistencia y una estética pensada para mantenerse vigente en el tiempo.
En el bar, la inspiración nace de un antiguo barco vinculado a la historia del club. Elementos existentes, como un mascarón y vigas que evocan la estructura de un buque, se conservaron para construir una atmósfera cálida y con carácter. La materialidad refuerza ese relato: porcelanato tipo madera con relieve, palillaje tipo madera, cuero capitoné y elementos metálicos conviven con terminaciones de aspecto envejecido y una cubierta de ultracompacto. Más que replicar literalmente un barco, el espacio recupera su imaginario y lo traduce a un interior contemporáneo.

Mientras el bar apuesta por tonos profundos y una estética más clásica, la cafetería propone una experiencia más fresca y luminosa. Aquí predominan una paleta de colores claros, revestimientos inspirados en entornos naturales, un piso porcelanato tipo terrazo de piedra, un muro cerámico blanco, un palillaje claro, y negro, elegido por su capacidad de vincular visualmente interior y exterior. La cubierta de apariencia Calacatta aporta luminosidad y un carácter más actual, generando un contrapunto con el bar sin perder el lenguaje marítimo que articula el proyecto completo.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra está precisamente detrás de sus terminaciones. La intervención incorporó un importante trabajo acústico para resolver los problemas de reverberancia existentes, utilizando paneles y soluciones acústicas integradas en cielos y revestimientos. A esto se sumó una demolición consciente, reutilizando parte de los materiales retirados, además de mejoras en las redes de agua y sistemas energéticos. La selección de porcelanatos de alto tráfico, madera y superficies resistentes responde a una misma premisa: crear un espacio capaz de envejecer bien y soportar un uso intensivo durante años.
La remodelación de bar y cafetería no se limitó a transformar su imagen. El estudio analizó los recorridos y flujos de trabajo de la cocina para eliminar interferencias y permitir que el mismo espacio pudiera responder a una capacidad de público significativamente mayor. Esa mezcla entre diseño, materialidad y eficiencia convierte al proyecto en una renovación integral: una arquitectura que respeta la memoria del lugar, mejora su funcionamiento cotidiano y demuestra que modernizar también puede significar conservar inteligentemente.